Todavía me pongo nerviosa cuando veo cosas nuevas de gente antigua, son esas cosquillas desagradables en la boca del estómago (boca del estómago... bueh) y, cuando vuelvo de eso, las cosquillas se vuelven un frio intenso que baja desde mi nuca y llega apretando fuerte hasta el pecho, presiona hasta que la respiración se vuelve cortada. Pasando esa impresión todo se empieza a relajar y lo único que termina enfriándose, extrañamente, son mis manos. Eso siento cuando la gente hace cosas sobre mí y no me dice, me pongo nerviosa.
También me he dado cuenta de que me pasan unas cosquillas raras cuando alguien me declara algún sentimiento, los cuales no hace falta especificar. Son esos deseos inmensos de contarle a alguien y esa sonrisa que llega a doler en la cara, pero que no se va de ninguna manera, últimamente no me ha pasado a tal nivel, pero si me he pillado en ocasiones riéndome de cosas que no tienen ningún sentido.
Y que podemos decir de esa sensación de "conchesumadre" cuando lees un comentario desagradable, sea donde sea, esas ganas incontrolables de culpar a alguien de ese asco a la pantalla, que llegue a causarte un asco propio por haber leído tal atrocidad, sumándole además un cargo de conciencia y la pregunta "¿Por qué chucha lo leí?" o si eres un poco menos autorreferente "¿Porque cresta lo escribió?". Eso me pasa seguido, he se asumirlo, tengo la manía de leer cosas que me molesten, o quizás sea la manía de que me molesten las cosas que leo, da igual.
Para qué hablar de la sensación fogosa de la traición, el sentir el crujir del vidrio quebrado y sentir como cada pieza se entierra en tu cabeza diciéndote "se notaba", o "yo sabía", aunque definitivamente la segunda es la peor frase que te pueden dejar marcada cada caída de la confianza rota, es un desconcierto total y una angustia que se queda ahí, esperando a explotar cada vez que las heridas salgan a flote, y obviamente salen a flote con cada persona nueva que te hace la hermosa pregunta del "Como estás" (Estoy, en ese caso, omitiendo a todas esas personas a las que uno no les cuenta ni si se ganó el Kino), y es ahí donde comienza todo a renacer, los vidrios, el llanto y todo es contado de forma que a ti y al receptor le duela más que el hecho mismo, pero ya me estoy profundizando demasiado en la situación de la temida traición. Pasemos.
Envidia, ¿Te ha pasado? a mí, no mucho, no soy de las personas envidiosas en mala, esas que desean que mueras para obtener eso que tienes ahí, sin intención de buscarse uno como el tuyo, ¡NO! porque solo desean el tuyo, porque es tuyo, de hecho, apostaría mi dedo para poner anillos a que si murieras y se los cedieras, no lo querrían ya. En mi caso en particular, me cuesta un poco envidiar a los demás, obviamente esa rica sensación de decir "oye que lindo, me gustaría que me pasara a mí también", pero no con malas intenciones.
¿Un ejemplo dices? A ver (gracias por la corrección Nicolás), hace poco tiempo una amiga me dijo "hola tengo pololo", si, hoy voy a reconocer que una de mis grandes debilidades es el regaloneo único que te brinda un pololeo (Oh por Dios, nada en el mundo se compara con veinticinco minutos de regaloneo tipo pololos de un mes) y tampoco nadie sabe cuánto necesito uno de esos en el último tiempo, nono, no un pololo, un cariño de esos. Pololo no quiero aún, les temo por ahora, mi corazón está frágil (si, más de lo normal) y tiene aún trizaduras de su última caída (ya no ama, pero se cayó desde muy, muy alto), pero no estamos hablando de eso, no me distraigas. Entonces yo, pensando en cuanto daría por una tarde así, no podía más de felicidad por ella, la felicité cuanto pude, igual que lo he hecho con cuanta mujer me ha dicho la misma frase, porque sí, soy feliz cuando los demás lo son y desearía a veces tener la misma felicidad y goce que ellos tienen, pero como no es posible prestar felicidad, me conformo con verlos contentos y sonrientes.
Más la frustración (guau, me he paseado por todo mi mecanismo afectivo), ese deseo enclaustrado en un “no”, o un “no puedo”, porque va más allá que una imposibilidad, pasa a llevar la llamada y temida, aunque no asumida, incapacidad. Cuantas veces he escuchado frustraciones del “no me atreví”, y son de esas que te causan las profundas ganas de zamarreo total, ¿Cómo se le enseña a alguien a atreverse a vivir?, es necesario arriesgarse para cruzar el río me dijeron por ahí, pero cuando el otro lado del río incluye las maravillas del cariño que ya mencioné me hace falta, no veo la razón de no arriesgar hasta el triple de lo que se arriesga en la vida cotidiana. Puede ser que vea ese tipo de actitudes tan incomprensibles porque fui víctima de una incapacidad y me causó una imposibilidad. Me estoy confundiendo. Paso.
Celos, llegué al punto máximo de pasión en un sentimiento. Creo que si tuviera que elegir lo que me más me mueve en la vida, tendría que destacar mis celos, que son, a la vez, causados por una inseguridad tremenda que me atormenta desde que me di cuenta de que mi burbuja ya había desaparecido y las miradas fulminantes comenzaban a analizar cada uno de mis movimientos, comparándolos con los de cuanto espécimen hubiera. Me sentí acechada y temerosa de perder en la gran carrera de la vida.
Si hay algo que he dejado claro, es cuanto valoro el cariño de una pareja, porque si, si algo espero de la vida, es morir acompañada (por muy vano, cursi, cliché y vergonzoso suene) y como los animales, los humanos también competimos por tener lo que deseamos, en mi caso, una pareja (¿me explico?). Entonces unamos piezas. Quiero una pareja que me llene, me haga sentir completa etc. Digamos que con la gracia y favor del Espíritu Santo, llega a mí… No quiero que otro animal (perra, vaca, chancha o lo que se les plazca parecer) me lo arrebate, ¿Entonces? Mi medio de defensa es alertar a quien yo veo en peligro que sería en este caso mi príncipe colorido, ¿De qué forma alerto? Escándalo, maña, bueno, no sé definirlo de otra forma. Sí, en resumen soy celosa porque sé que hay mejores que yo, y no creo en que las demás personas (especifico: hombres) tengan la mentalidad de caballo de feria que tengo yo, que cuando me enamoro no existe nadie más en la vida que le haga peso a mi persona. Espero que se entienda porque me cuesta mucho analizar a mis queridos celos maquiavélicos.
Hasta aquí he llegado, los celos me dejaron la mente hecha un trapo. Fin.
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